jessica lynch

“Acaso No Soy Una Mujer”

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By Juliana Jiménez

Natalee Holloway
Natalee Holloway. Vía Wikipedia

Nunca es más evidente lo problematica que es la intersección entre raza y género que cuando los medios cubren la desaparición de una mujer linda y blanca, y se olvidan totalmente de las miles de mujeres negras y hombres desaparecidos. Esto es lo que en Estados Unidos llaman “Síndrome de Mujer Blanca Desaparecida.” Aquí las famosas fotos de Natalee Holloway, izquierda, y de Jon Bennet Ramsey

“Todo se trata sobre sexo. Las mujeres blancas le dan a los editores lo que ellos quieren,”

dijo Roy Peter Clark, vice presidente del Instituto Poynter de Estudio de los Medios, o Poynter Institute for Media Studies en inglés, en St. Petersburg, Fla, en una historia de MSNBC al respecto. Los críticos de medios que hablan en el artículo dicen que los editores de noticias escogen historias de mujeres blancas por encima de otras porque deciden con qué historias la gente se va a identificar más. Al parecer, la narrativa de la damisela (blanca) en desgracia es parte del inconsciente colectivo americano.

Incluso, imágenes de violencia dirigida hacia mujeres blancas y jóvenes abundan en las películas de terror. Mejor dicho, una película de terror no está completa sin una escena de tetas y sangre. En Misoginia, Misandria, y Misantropía (P.201) Carol J. Clover dice:

Algunas niñas … y siempre la principal, mueren –trama tras trama desarolla este motif— porque son mujeres. … [Mientras] que la muerte de un hombre siempre es rápida; aun cuando la víctima alcanza a entender lo que le está pasando, no tiene tiempo para reaccionar o registrar terror. Lo despachan y la camera sigue adelante. La muerte de un hombre, a comparación de la de una mujer, es además más probable que sea vista a distancia, o que se vea a medias (debido a obscuridad o niebla, por ejemplo), o incluso que pase fuera de cámara y no sea vista para nada. Los asesinatos de mujeres, por otro lado, son filmados por largo tiempo, de cerca, a quemarropa, graficamente y en detalle.

Película "Scream III"
Screenshot de la película "Scream III".

¿Qué es lo que pasa con esta fijación, y qué tan enferma es? No es que las mujeres negras quieran ser incluídas en este fetiche de violencia tan asqueroso, pero el punto es que ellas son invisibles, que no son material de película de terror ni de noticias de las siete, porque no son la personificación de la virgen/damisela en peligro, sino más bien la puta biblica emasculadora, como lo nota bell hooks, autora y filósofa feminista.

bell hooks
bell hooks. Vía Wikipedia.

El libro de hooks (su nombre se escribe en minúsculas) Acaso No Soy una Mujer, o Ain’t I a Womansu título en inglés (en honor al discurso de Sojourner Truth en 1851) fue pionero del análisis de la intersección de la raza y el género en la discriminación, y sacó a la luz uno de los más grandes defectos de los movimientos feministas modernos. De cierta manera actuó como respuesta a La Mística Femenina, o The Feminine Mystique (en inglés) de Betty Friedan, el cual habló sobre, y para, mujeres blancas de clase media-alta, e ignoró a las mujeres negras, de otras minorías y de estatus socioeconómicos más bajos (sin mencionar su ofensiva representación de los gays y lesbianas).

Según hooks, cuando se trata de poder, las cosas se dividen así:

  1. Hombres blancos: pueden oprimir a todos los siguientes.
  2. Hombres negros – Mujeres blancas: Los hombres negros son oprimidos por hombres blancos, pero estos pueden a su vez oprimir a las mujeres negras. Ellos también pueden oprimir a las mujeres blancas debido al género, pero es más difícil que esto pase; es más, este es la forma de matrimonio interracial más común. Las mujeres blancas son oprimidas por los hombres blancos, y ellas a su vez también pueden oprimir a las mujeres negras. Incluso pueden ser hasta más despiadadas al hacerlo, como puede pasar con los hombres negros hacia las mujeres negras, cuando un grupo que normalmente es oprimido tiene la oportunidad de oprimir a otro.
  3. Mujeres negras: Pueden ser oprimidas por todos los anteriores. Sus experiencias son mayormente ignoradas tanto por los movimientos feministas como por los movimientos antiracistas, borrando su historia y negando su existencia.

La autora chilena Isabel Allende habló sobre esto en su charla de TED reciente, diciendo:

El abuso se derrama desde las alturas de la escalera social hasta el último escalón, donde están las mujeres y los niños, especialmente los pobres. Hasta los hombres más pobres y miserables tienen a quien abusar – una mujer o un niño.”

Similarmente, Donna Britt, escritora del Washington Post, cuya experiencia como mujer negra le deja ver de manera más clara y profunda lo que significa en esencia la opresión, escribe:

Como mujer negra, veo la amargura casi insólita y a veces desproporcionada de muchas mujeres como síntoma del dolor desgarrador que sienten los miembros de un grupo que ha sido oprimido por largos años. Demasiadas veces se asume que las mujeres son más importantes que los hombres. Unos nos pagan menos, otros nos tratan de callar cuando hablamos verdades desconcertantes, y demasiados nos tratan como colas y tetas andantes. Estas cortadas y morados se acumulan como ceniza, tierra y burbujas de azufre en un volcán que duerme.”

Muchos hombres están tan convencidos de su propia superioridad, que nisiquiera se dan cuenta de ello. Simplemente “saben” que así es como debe funcionar el mundo, que ese es el orden natural de las cosas, que las cosas no podrían ser de otra manera. Sea consciente o inconscientemente esta superioridad es la altura desde donde ven el mundo, es su perspectiva, porque la viven desde el momento que nacen, quieranlo o no. Sólo hay que pensar en por qué las ecografías son ilegales en China y en India, pensar en este hombre afghano quien asesinó a su esposa después de que ella dio a luz a su tercera hija (un crimen común allá) — todo eso se suma en un solo mensaje de misoginia. Y ahora aplique el efecto opuesto a los niños. La sensación de tener derecho al mundo y de que éste le debe algo, debe ser difícil de suprimir.

Y porque el dominio hegemónico del hombre es tan inescapable, tan antiguo, tan permeante, tan duradero, “desdeño o ceguera voluntaria hacia la mujer … puede infectar hasta al más culto e ilustrado de los hombres,” como dice Britt. Esto lo sé por experiencia en mis relaciones personales, así como también me entristece y enfurece profundamente cuando leo autores, filósofos, críticos, a quienes he admirado por mucho tiempo y después encuentro su obvio o disimilado machismo. Escritores como Aldous Huxley, psicólogos como Freud, filósofos como Aristoteles, Nietzsche, Platón, Kant, y tantos, tantos más. Este interesante artículo de Stanford,  Historia Feminista de la Filosofía, explica más a fondo, pero un rápido Googlesazo de “filósofos misóginos” le puede dar una idea más amplia. Y no sorprende que muchos de esa lista también eran racistas a morir y no se disculpaban por ello, ya que ser intolerante y prejuicioso en un área hace más probable serlo en otro — y también está correlacionado con ideologías conservadoras y un coeficiente intelectual bajo (no hay que mirar más allá de los actuales Republicanos wannabes a candidato presidencial).

¿Cómo perpetuan estas narrativas de la damisela blanca en desgracia la hegemonía blanca y patriarcal? ¿Qué podemos hacer para combatir esta propaganda moderna? ¿Cómo nos movemos hacia un humanitarianismo genuino que incluya a todos los seres humanos? ¿Qué más podemos hacer, aparte de fomentar conciencia?