Por Qué Empezó Todo

Por Juliana Jiménez

Hace un año, en enero, recibí un forward de un familiar, un hombre. Era uno de esos emails con chistes cursis, bien quemados, que les encantan a los tíos, tías, papás y mamás, mandarse los unos a los otros. El título decía: “como cambio el mundo cuando yo naci: Guia de la buena esposa (1953) !! (sic)” Adentro del email decía:  “Volver a lo básico! QUIÉN CAMBIÓ LAS REGLAS ??? Folleto de 1953″ y después varios de estos:

Había alrededor de una docena de estas imágenes. A medida que iba leyendo seguía esperando por lo menos un rastro de ironía. Se suponía que era un chiste, y traté de encontrárselo, pero no pude. No me lo podía sacar de la cabeza. ¿Me pasaba algo a mí? ¿Por qué sentía que había algo más ahí que un “chiste”? Y pensaba, ¿si yo fuera negra, y alguien me mandara un manual de esclavitud diciendo “Volver a lo básico!! jaja!” se suponía que eso también lo tenía que coger en chiste? ¿Qué tal que yo fuera judía y me mandaran un manual Nazi? ¿Eran exagerados estos pensamientos? Si esto sí era diferente, de qué manera lo era, y por qué? Sentí que no podía ignorarlo. Alguien tenía que decir algo. Entonces respondí, haciendo algunas de estas preguntas, sabiendo que iba a haber una respuesta, y que muy probablemente no iba a ser comprensiva o muchos menos una disculpa.

Unas semanas más tarde, me encontré de casualidad el libro The Feminine Mystique o “La Mística Femenina” de Betty Friedan, la biblia feminista americana, quizás el libro que empezó todo, allá en los 60s, y después de esa confrontación familiar, sentí que tenía que leerlo.

The long-awaited second translation of The Sec...

The Second Sex (Photo credit: Wikipedia)

Después de eso, vino The Second Sex o “El Segundo Sexo” de la filosofa Simone de Beauvoir, y luego “Half the Sky”, o “La Mitad del Cielo”  de Nicholas Kristof, columnista del New York Times, todos libros que han transformado profundamente mi perspectiva de la experiencia humana.

Me desperté a una realidad mucho más triste de lo que me esperaba, y de lo que me hubiera gustado, por mi propio bien. Algunas noches, hasta casi hubiera preferido no haberlos leído, porque despertarse a una realidad, a la responsabilidad de ser humano, puede ser doloroso. Pero si iba a aceptar el hecho de que antes de ser mujer soy un ser humano, tenía que aceptar esa responsabilidad, y vivir mi vida exaltando este propósito. Este blog se empeña en poner en palabras y acciones esta nueva perspectiva, nuestra nueva habilidad de analizar y diseccionar la realidad, a veces ni tan sutil, de misoginia en la que vivimos hasta nuestros días.

Lloré con esos libros, y cómo no hacerlo. Lloré por esas mujeres, y por tantas que conozco, a quienes las definen los hombres en sus vidas, tantas mujeres que viven como ciudadanas de segunda clase. Estas son mujeres que mueren por ataques de honor, por ataques de ácido, niñas que las matan de hambre para que sus hermanos puedan vivir, que mueren apedreadas o por enfermedades curables, mujeres que por ley no pueden manejar o ser dueñas de propiedad o tierra — mujeres que son propiedad de hombres, que las venden como prostitutas, mujeres que las violan y luego las culpan — mujeres que, en pocas palabras, viven vidas subhumanas, sólo porque son mujeres. Usando las palabras de Nicholas Kristof, “el reto moral del siglo 19 fue la esclavitud. Del siglo 20, el totalitarianismo. Ahora, es la opresión de mujeres y niñas alrededor del mundo.”

La misoginia y el machismo tienen muchas manifestaciones diferentes. Nuestra meta es esclarecer los problemas y las soluciones a nuestro alrededor, y explorar estos temas en zonas de conflicto, en los medios, en la cultura moderna, en la filosofía, literatura y en nuestras propias vidas.

La idea de este blog surgió gracias a ese email hiriente y trillado, y al despertar que éste, sin imaginarlo, avivó.